En los últimos años las cosas han cambiado mucho en mi barrio, de ser una comunidad muy pequeña nos hemos transformado en una zona completamente comercial. Con montones de negocios de todas clases. Desde restaurantes, zapaterías hasta grandes centros comerciales.
Algunos dicen que esto ha sido beneficioso para todos, pues ha creado directa e indirectamente nuevos puestos de trabajo y ha mejorado la situación económica de muchas familias del lugar. Sin embargo hay personas como yo que nos gana la nostalgia y recordamos como era antes cuando todos los vecinos nos conocíamos y nos ayudábamos unos a otros.
Precisamente este relato inicia en un centro comercial que inauguraron hace unos seis meses a tan sólo seis calles de mi casa.
Un día me dirigí hacia allá con la intención de ver qué tiendas nuevas a día. Pronto llamó mi atención lo grande que era el lugar. Tenía seis pisos repletos de locales, pero su atracción principal era una enorme pista de hielo situada en la planta baja. Acá en mi país la nieve es una de las cosas que no tenemos oportunidad de ver ni siquiera cuando estamos en invierno, por tanto la curiosidad me ganó y quise saber que se sentía patinar.
Me aproximé al mostrador y vi un cartel que decía “Si no trae sus patines, puede rentarlos aquí“.
Le dije a una de las chicas del mostrador que me diera unos patines del número ocho y medio, pagué la renta y fui hacia la pista. Estuve ahí parado como 40 minutos, viendo a través del acrílico a la gente deslizarse por aquella superficie helada. Parecía muy simple, casi tan sencillo como caminar por la acera. Únicamente había una cosa que no me gustaba de ese asunto y era el hecho de que la mayoría iban acompañados, es decir, se trataba de una actividad que se realizaba mejor en pareja.
Y yo llevaba ya más de un año sin novia, 383 días para ser exactos sin poder olvidar a Anareli, la que pensé que era el amor de mi vida.
Cuando digo esto, siempre pienso en mi mamá, ya que ella me dice que cómo puedo pensar a mis 19 años que mi primera y única novia era la elegida, la definitiva o en otras palabras mi pareja ideal.
Total, por fin me decidí a ver si contaba o no con dotes de un gran patinador. No pude dar un paso, me caí enseguida. Me incorporé lo más rápido que pude, ya saben, por aquello del “qué dirán”.
Más cómo soy muy tenaz y persistente volví intentarlo una y otra vez. En total fueron siete veces más. Hasta que no pude levantarme, mi rodilla izquierda me dolía muchísimo.
De momento, observé unos patines color café que se detuvieron frente a mí. Se trataba de una chica muy linda, de cabello oscuro y bellos ojos color miel. Me preguntó que si me encontraba bien, yo le dije que si, aunque por desgracia mi cara de dolor reveló lo contrario.
Me ayudó a levantarme y a salir de la pista. Nos sentamos en unas de las sillas del lugar y empezamos a platicar de lo difícil que resulta para algunas personas el patinar.
Me dijo que lo mejor que podía hacer era ir al hospital para que me revisara un médico y así descartar cualquier tipo de lesión. Le comenté que no creía que fuera para tanto. No obstante, ella me convenció e incluso me acompañó al hospital. Llegamos a urgencias y la doctora de turno me dijo que sólo se trataba de una inflamación de la rodilla, que con un ungüento y una semana de reposo estaría totalmente recuperado.
Me despedí de Cecilia, no sin antes agradecerle todas sus atenciones y quedamos de vernos en otra ocasión.
A partir de esa fecha no pude dejar de pensar en ella y no era porque se tratara de algo como un amor a primera vista, sino porque sentía la necesidad de estar con ella. Era muy divertida y muy simpática.
Pasada una semana, le llamé a su casa y quedamos de vernos en el parque San Vicente, ahí tomamos un refresco y compartimos un paquete de patatas fritas. Más que una cita romántica aquella fue una cita de amigos.
Esas “citas” se hicieron cada vez más recurrentes hasta que ambos nos dimos cuenta que estábamos completamente enamorados uno del otro. Jamás pensé que esa idea de ir al centro comercial, significaría un remedio para mi corazón roto. Cecilia y yo tenemos ya tres semanas que somos novios y creo que serán bastantes más.
Que bonita reflexion de amor, me encanto mucho el final de esta, espero sigan subiendo mas aportes.
Hasta pronto!