Nuestro amor perduró a través del tiempo
Todo empezó hace dos años, cuando Emma, una de mis compañeras de la primaria nos contactó a través de nuestros teléfonos, Twitter y Facebook. El motivo era muy simple, se trataba de la primera reunión de ex alumnos del colegio “América Unida”.
Me pareció muy extraño pues era la primera vez que nos contactaba en cinco años. La cita era un domingo en un restaurante del sur de la ciudad. Del total original de compañeros (30) habíamos confirmado nuestra asistencia la mayoría, es decir un 80%.
Los que iban a faltar a la reunión se debía principalmente por dos motivos: el primero era que no hubo manera de localizarlos. Mientras que el segundo era porque no tenían ganas de vernos.
Total, llegó la fecha y todos llegamos puntualmente. Era emocionante y chistoso a la vez ver los cambios físicos que cada quien había sufrido con el paso del tiempo. Ahí estaban todos mis cuates: Miguel, Raymundo, Martín, Ismael etc. por supuesto también estaban ellas: Paulina, Alejandra, Daniela…
Pronto comenzamos a recordar muchas anécdotas que nos habían sucedido. Inclusive algunos llevaron a sus novios y novias para que tuviéramos la oportunidad de darles “el visto bueno”.
Estaban todos, excepto la persona que yo más esperaba ver; Diana. Diana y yo habíamos sido novios desde primero. Era la niña más bonita de toda la escuela. Era morenita, bajita y con unos ojos negros inmensos que hacían que luciera bellísima.
De hecho desde que nuestro noviazgo terminó en sexto, nunca me volví a enamorar de nadie más. Lo que más me tenía atormentado de todo eso, es que cuando la dejé de ver no tuve el valor de pedirle su número telefónico para seguir en contacto con ella.
Como veía que pasaban los minutos y no llegaba, me acerqué a Emma y le pregunté:
- ¿qué sabes de Diana?
- Hablé con ella y me dijo que llegaría un poco tarde. Pero que por nada del mundo se perdería esta reunión.
- ¿Le dijiste algo sobre mi?
- No, a ti ni siquiera te mencioné. Por qué ¿querías saber algo de ella?
- No, era simple curiosidad.
Después de que terminó la comida, decidimos irnos a bailar un rato a una discoteca. Yo no tenía muchas ganas de ir, sin embargo, acepté únicamente porque si no lo hacía me iban a llamar “aguafiestas”.
Nuevamente me acerqué a la organizadora y le supliqué que le mandara un mensaje de texto a Diana para que nos encontrara en el otro lugar.
Llegamos allá y el sitio estaba muy oscuro, apenas se alcanzaban a ver algunas mesas y la pista de baile, eso sí, la música estaba muy fuerte.
Me senté en una silla y pedí un refresco, mientras observaba como mis compañeros sacaban sus mejores pasos de baile.
Así transcurrió una hora cuando de pronto vi un rostro muy familiar entrando al local. Se trataba de Diana, ni más ni menos. No me fue difícil reconocerla, pues aunque había cambiado un poco, su mirada era exactamente la misma. Fui corriendo a la puerta y le dije:
- Hola preciosa, ¿cómo estás?
- ¡Jorge! Qué alegría me da verte. No sabía qué estarías aquí.
- ¿En serio? De verdad nadie te dijo nada.
- Te lo juro, sino créeme que habría llegado antes.
Nos quedamos platicando ahí como 20 minutos, hasta que se me ocurrió decirle que porque mejor no nos íbamos a otro lugar para platicar más a gusto.
Ella, aceptó mi proposición inmediatamente, sólo entró para saludar y despedirse. Salimos de ahí y nos dirigimos a un pequeño restaurante, para poder conversar a gusto.
Ni siquiera pedimos algo de comer, únicamente nos bastaba con mirarnos. Yo no pude más y le confesé que la amaba, que siempre la había amado. Y… aunque ustedes no lo crean ella me contestó exactamente lo mismo.
Ninguno de los dos habíamos tenido en ese periodo de tiempo otro romance, pues sabíamos de alguna manera que nos íbamos a encontrar de nuevo. Actualmente llevamos ya siete meses de novios y confieso que me encuentro en las nubes por ella.