La segunda cita con la vidente
Ya estoy de vuelta aquí amigos, para contarles lo que sucedió con la muchacha que quería encontrar pareja.
Eran como las cinco de la tarde y ese día el negocio estaba un poco flojo, por lo que yo me estaba durmiendo sobre el mostrador. De pronto, escuché una voz que me dijo:
- Amigo buenas tardes, vengo a ver a tu tía. ¿Le puedes avisar por favor que ya llegué?
No tuve ni que pararme de la silla, mi tía la escuchó y salió a atenderla.
- Mija, ¿hiciste la lista que te pedí?
- Sí doña.
- Entonces, vayamos adentro. Ven pásate.
Como a mí no me gusta el chisme, rápidamente me levanté de donde estaba sentado y fui en silencio hacia donde estaban para poder escuchar toda la conversación.
De nuevo, mi tía sacó sus cartas del tarot del amor, sólo que esta vez al dárselas a la chava, no le dio ninguna explicación. Tampoco es que la chica la necesitara, parecía que había aprendido perfectamente a barajarlas desde la vez anterior. Apartó cinco cartas y se las dio a mi tía, quien las puso sobre la mesa y las fue levantando una a una.
- Veo en las cartas de amor que existe un joven al que tú le gustas mucho. Pero es muy tímido, así que no se atreve a acercarse a ti. Es alto, moreno y guapo. Y además asiste a la misma escuela que tu. Dijo mi tía.
- Uff, ¡debe ser Roberto! Ese niño me gusta muchísimo. Sin embargo, no sé cómo acercarme a él. Tengo miedo de regarla, como en otras ocasiones.
- No tengas miedo de acercarte a él. Sólo se tu misma, es decir, se tal como eres. Si no tomas la iniciativa, el nunca tendrá el valor de decirte lo que siente por ti.
La consulta de tarot se ponía cada vez más interesante. Hasta que mi tía soltó un grito que hizo retumbar todo el local:
- ¡PEDRO! (Ese soy yo), ¡qué haces ahí escondido detrás de las cortinas! Lárgate de aquí. ¿Qué no ves que estoy trabajando?
Híjole, casi me saca a patadas. Ya no pude escuchar nada de la conversación, únicamente vi a la muchacha marcharse luego de una hora.
Durante más de dos semanas mi tía casi no me dirigió la palabra. Inclusive me acusó con mis papás y me amenazó con que si andaba de fisgón otra vez, ya no podría trabajar ahí con ella.
Aunque después le pedí disculpas y todo volvió a la normalidad.
Luego, un día mientras estábamos comiendo, me dijo sin razón:
- Sabes, estuve pensando que hace mucho no viene Adela. Ya tiene casi un mes sin aparecerse por aquí. ¿Le habrá ocurrido algo?
- ¿Adela, y esa quién es? No conozco los nombres de todas tus clientas.
- Ella es la muchachita del tarot del amor, la que quería encontrar pareja. Respondió mi tía.
- ¡Ah, ya sé quien! La chava que casi consulta el tarot telefónico. No te preocupes tía, lo que pasa es que a lo mejor se cansó de tus artes de “videncia” y te cambió por otra, jajaja.
A mi tía no le causó gracia mi comentario y cambió de tema.
Apenas trascurrieron unos tres días de que tuvimos esa conversación, cuando entró al establecimiento una pareja. El tipo era alto, moreno y callado.
Ella era hermosa, tenía unos grandes ojos y un hermoso cabello. Su rostro me parecía familiar, sin embargo, no supe quién era hasta que me dijo lo siguiente.
- Buenas tardes ¿se encuentra doña Magda?
- Si, ¿quien la busca?
- Amigo no me digas que no te acuerdas de mí. Soy Adela.
¡Caray! Era imposible lo que veían mis ojos. Aquel patito feo que un día fue a la tienda, ahora se había convertido en todo un cisne. Como pude le grité a mi tía, pues ni las palabras me salían luego de esa impresión.
No obstante, a ella no pareció sorprenderle el cambio de aspecto de la chica, ya que la saludó como sin nada.
- ¡Qué milagro mija, qué gusto me da verte! Justamente hace unos días estábamos hablando de ti. Este debe ser Roberto ¿no? Dijo mi tía.
- Así es doña, lo traje para qué lo conociera en persona. Llevamos dos semanas de novios.
Estuvieron hablando unos 10 minutos, y luego la pareja feliz se marchó.
Cuando se fueron, le dije a mi tía:
- Ahora si estoy totalmente convencido de que eres vidente y conoces tu negocio al 100%. ¿Qué le diste a la chava para qué se pudiera transformar de esa forma?
- Hay sobrino, llevas años trabajando aquí y no has aprendido nada. Únicamente le dije que se olvidara de las cosas negativas que la gente le decía. Y que se enfocara en sus virtudes tanto físicas como morales. Y eso fue lo que hizo.
Muchas veces olvidamos que la verdadera belleza se encuentra en nuestro interior. Sólo hay que sacarla para encontrar el amor.