¿Porque Duele el amor?
No, no se trata de la famosísima canción de Ana Torroja. En este tópico lo que queremos hacer es reflexionar sobre cuáles son las causas o los motivos por los cuales en ocasiones nos duele cuando estamos experimentando el estado más bello en el que nos podemos encontrar. Por supuesto, estoy hablando de cuando estamos enamorados.
El ser humano es una de las pocas criaturas en el mundo (por no decir la única) que tiene el enorme privilegio de poder soñar.
El soñar puede ser entendido como una sucesión de imágenes o eventos que transcurren en nuestra mente mientras estamos dormidos, esto ocurre generalmente en la cuarta fase de los sueños, la que es conocida como “la fase del sueño profundo”.
Pero… ¿Por qué estamos hablando de los sueños, si el tema principal es duele el amor? Esta pregunta es relativamente sencilla de contestar y es, porque aunque no lo creas, la mayoría de los noviazgos o relaciones amorosas inician primeramente en nuestro cerebro.
Cuando a ti te gusta una chica, lo primero que haces (inclusive antes de hablarle) es imaginarte hablando con ella, pensando en que aceptará ser tu novia, caminando en el parque o quizás tomando un helado o compartiendo una malteada etc. Dicho de otro modo, te encuentras “soñando despierto”.
Es en este preciso instante donde quisiéramos que todo nos saliera justo como lo hemos venido concibiendo, es decir, que nuestro “plan” tenga un feliz desenlace. Y no sólo eso, sino que todo aquello se desarrollara como por arte de magia, para estar por siempre flotando en una nube de algodón de azúcar y poseer un estado de felicidad completa y duradera.
En contraste, cuando hemos sufrido un episodio en el cual el desamor ha hecho su aparición, nuestro corazón se encuentra cubierto de heridas causadas por las miles de espinas que lo han atravesado una y otra vez hasta dejarlo prácticamente sin vida y sin deseos de volver a amar, cuando la amargura recorre nuestra alma como si se tratara de un ente solitario; pero sobre todo, cuando las lágrimas que derraman nuestros ojos, no son otra cosa sino gotas de ácido que lo único que hacen es carcomer nuestros sentimientos. Es entonces donde verdaderamente duele el amor. Por otro lado, hay quienes refutan esta teoría y aseguran que es imposible que el amor duela. Dicen que lo que duele es cuando ocurre la ruptura (separación) con el ser amado, no el amor en sí mismo. Duele el apego, duele la terquedad, duelen los celos, duele la angustia de no saber qué fue lo que hicimos mal, duele el estar conscientes de que tal vez la persona a la que amamos con toda el alma estará mejor sin nosotros.
Recordemos que es imposible sujetar a la fuerza a alguien para que esté a nuestro lado; el amor verdadero
inexcusablemente debe ser siempre libre . Para entender esta idea de mejor manera, tomaremos como base a la siguiente analogía:
Supongamos por un instante que el corazón de nuestra amada fuera un ruiseñor. Así es, esa pequeña ave de hermoso plumaje y sobre todo reconocida por su canto fuerte y bello. Ahora bien, imaginemos que a ese ruiseñor lo que más le gusta es volar por el cielo azul todas las mañanas, sentir la suave brisa del viento corriendo por sus alas, posarse en una pequeña rama mientras es calentado tibiamente por los rayos del sol etcétera.
Después de expuesto lo anterior, honestamente ¿crees que sería justo enjaularlo únicamente para tenerlo cerca? Quitarle por completo su libertad, encerrarlo en una “prisión”, que quede ahí atrapado, incapaz de siquiera mover sus alas.
¡Claro que no sería justo, (para ninguno de los dos) de ninguna manera!
Lo único que estaríamos logrando con ello sería, asfixiar por completo dicho corazón llenándolo de odio, rencor y resentimiento hacia nosotros. Estaríamos siendo totalmente egoístas y el egoísmo es uno de los conceptos que más se contrapone con todo aquello que está relacionado con el amor.
Muchas relaciones amorosas que tienen un inicio e incluso un desarrollo “prometedor” durante los primeros meses, desafortunadamente terminan mal, primordialmente debido a que sin querer no le damos el espacio suficiente que requiere nuestra pareja para “respirar” libremente.
Constantemente la bombardeamos con preguntas sin sentido como: ¿Dónde estuviste?, ¿Quién es ese?, ¿Por qué no me has llamado?, ¿Por qué llegas a esta hora? etc. Sólo por mencionar algunos ejemplos.
Este comportamiento claramente denota que estamos utilizando sin darnos cuenta el mayor veneno que puede destruir por completo una relación. Todo el mundo lo conoce, aunque a nadie le gusta hablar de él y mucho menos aceptar que ha sido víctima de éste en más de una ocasión. Me refiero a la INSEGURIDAD.
Un hombre que es dominado por la incertidumbre o por sus propios titubeos, nunca alcanzará la felicidad plena, ya que no será capaz de saber cuándo la ha conseguido y continuará sufriendo constantemente.
Por último, permíteme por favor ofrecerte un pequeño consejo. No seas posesivo (o por lo menos trata de no serlo), ya que de lo contrario lo más seguro es que terminarás hartando a tu pareja y acabarás solo y sin amor. Deja de lado el egoísmo y disfruta cada momento que pases junto a tu amada, como si fuera el último. Permite que los sentimientos se dispersen desenvueltamente por todo tu entorno, para que perfumen el ambiente de amor y pasión.
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